miércoles, 15 de abril de 2026

La vida es la travesía no la llegada...

 LA VIDA ES LA TRAVESIA .

NO LA LLEGADA...


Nos pasamos la vida poniendo la vista y las energías en metas. En logros, en destinos (reales o imaginarios).

Lloramos y nos agitamos porque no alcanzamos objetivos trazados.  No llegamos donde queremos llegar porque desviamos energías en problemas y situaciones que escapan de nuestras manos. . A veces, ni siquiera “despegamos”  rumbo a una meta trazada.. Ese primer paso que nunca damos en el que nos equivocamos y que tanto y tanto pesa.

Llamamos a todo esto 'fracaso". Y luego en consecuencia nosotros somos “fracasados”


Y llega la autocompasión. Se anida en nuestras almas y en nuestras vísceras una angustia degradante. Incapacitante.

La frustración se torna cotidiana. Es una bruma que, sin darnos cuenta , nos ya enajenado. Tanto que ya vivimos para sobrevivir. Tanto que un día se hace igual a todos y eternamente pesado.


Cada mañana como autómatas, detenidos.


Hemos olvidado que la vida en realidad es el viaje no el destino.

 La vida es una travesía. Y es en esa travesía que debemos enfocarnos.


Nuestra meta no es Itaca. Nuestra meta en engañar a las sirenas, vencer a los cíclopes, huir de las flores de loto ... Cómo en la Odisea, son los triunfos del día a día lo que cuenta. El viaje. Sus aventuras, sus sinsabores, sus alegrías, sus logros, sus lágrimas y risas son  el fundamento de la vida.  El puerto de llegada es la muerte amiga. Pero no debemos existir pensando en llegar a ella. El día de su abrazo arribará y entonces el viaje habrá concluido. 


Entre tanto debemos hundirnos  de cabeza en la aventura de vivir.  

No importan las caídas sino el que seamos capaces de levantarnos cada vez que nos desplomamose.


El fracaso solo existe si detenemos la travesía. Reinventarse, reconstruirse de pedacitos, arrastrarnos por el suelo para levantarnos no es fracasar. 


No importa si nos adormecimos con el veneno de la flor del sueño siempre que algo o alguien logre despertarnos. No importa   si tuvimos que amarnos a un mástil para no sucumbir al canto de sirena.. Lo importante es dejarlas atrás...


Es en el trayecto entre nacer y llegar  donde estamos ahora. 


Ya no llevo la cuenta de mis lágrimas. Mis duelos. Mis dolores. Ya no puedo enumerar cuántas y cuántas veces perdí el norte. Cuántas veces el barco zarpó dejándome varada.

Pero esa misma cantidad de veces recuperé el norte. Subí a la nave de nuevo.


Estar vivos no es fácil. Es cosa de valientes. Pero tras tanta lucha ver como se queda todo atrás y nuestro barco sigue, hace que todo valga la pena.


Estos son tiempos tormentosos. Hay que aferrarse a lo que tengamos a mano para no hundirse y seguir.


Detenerse no es fracasar. Fracasar es no reemprender marchas cuántas veces sea necesario.


Aquí estoy golpeada, cansadal,  con los ojos cerrados recuperando aliento. Porque a la muerte no he llegado.  La  vida continua. El viaje no ha finalizado.


Un abrazo virtual a todos


Aida Beccaria


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